Admiración

(Escrito en diciembre de 2018)

Tengo una amiga que es artista. Dibuja y pinta. Siempre caras sonrientes, como ella. Transmite algo que todavía no he podido definir: algo positivo, alegre, con color. Es algo ordinario, como sus obras, que representan lo extraordinario de lo ordinario: del día a día, de un paseo, de un paisaje, de una cena, de una familia. En resumen: su vida. Mi vida. La vida.

Quizá sea eso: transmite vida.

Costó entrar en la exposición, pues a cada paso que dábamos aparecían fans para hacerse fotos. Los fans también me sonreían a mí. Porque iba con la artista. Porque era mi amiga. Es una buena sensación: los fans desprenden una sustancia llamada “admiración”, como si la lanzasen a la artista. Y si estás cerca de ella te cae un poco de polvo de dicha sustancia. Y por un momento te sientes algo más importante de lo que eras. Y de lo que vuelves a ser cuando la sustancia expira.

Disfruté viendo cómo disfrutan los fans, que creo que es un disfrute que se disfruta más, pues ¿qué mayor alegría que saber alegrarse por las alegrías ajenas? Uno que viene para una foto, otra para un autógrafo, otro para estrechar la mano, otra que no se atreve a acercarse y mira desde lejos tapándose la boca con la entrada de papel…

Y al fin entramos a la exposición. No pagué (los catalanes disfrutamos más que otros el ahorrar dinero). Es otra de las ventajas de ir con la artista: los que están en la entrada te sonríen, hacen una breve inclinación de cabeza y te dejan pasar. Otro poco más de sustancia: Mmmmm.

Me explicó con detalle su inspiración, el significado de su obra, su técnica, los colores… incluso aunque no se podía, me dejó sacar una foto (Mmmmm). Sobre lo de no sacar fotos ella no tenía nada que ver, pero me dijo que si se prohibía sacar fotos la gente miraba los cuadros de otra manera. No te sitúas en el mejor sitio para sacar esa foto que te conseguirá muchos likes y te hará ser súper popu. No. Guardas el móvil, observas, contemplas, vuelves al cuadro anterior, piensas el significado de la frase, entras en el cuadro, miras cómo disfrutan otros con las obras… Me pareció una buena reflexión, pero como estudiante de Business pensé que si se dejaban sacar fotos la gente subiría más a las redes sociales, lo que generaría más visitas… Pero quizá vale más la pena que pocos disfruten de la belleza antes de que muchos farden de la nada.

La visita me gustó. Y volví a casa con un catálogo (regalo de la casa) con una dedicatoria de la artista, que por cierto vive en un pueblo cercano a Castell. Qué pequeño es el mundo.

Cuando bajaba por las escaleras del museo todavía había gente que me seguía lanzando algo de la sustancia mágica con sus miradas. Pero fue sentarme en el bus y volver a ser yo, pero con el recuerdo de haber sido por unos minutos alguien superior, alguien digno de recibir admiración.

3 comentarios sobre “Admiración

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