Cuando escribo el punto final – suicidio en Corea

Ya sea por motivos de trabajo, de estudio, familiares o de turismo, cuando uno viaja a un país hace antes una búsqueda en Internet para saber algo de dicho lugar, pues conocer la historia, la cultura, la gastronomía o los monumentos da un plus a la hora de adaptarse y de disfrutar la estancia.

Pues bien, cuando tomé la decisión de ir a Corea hace ya 8 años busqué en Wikipedia y en Google todo lo relacionado con este gran país. Lo poco que yo conocía era Samsung, LG, Hyundai y Corea del Norte. Nada más. Ni kimchi, ni almirante Yi Sun-sin, ni anyongaseo, ni nada.

Una de las cosas que me llamó más la atención fue que era uno de los países con más suicidios en el mundo. Suicidarse. Acabar con la propia vida. Matarse. Punto final. Para alguien que viene de un país de tradición católica donde la vida es algo que te pertenece, pero que en cierta manera también pertenece a los demás (a tu familia, amigos, quienes te han educado y sobre todo a Dios), ese dato no se comprende.

Mientras los porqués buscaban una respuesta, la parte derecha del cerebro empezó a crear historias, cosas que me pasarían cuando llegase a Corea. Una de esas era que vería algún suicidio. Y cuando iba por la calle y oía un grito miraba a los edificios aterrado. Ese miedo a ver lo que no quería se esfumó al cabo de un tiempo, pero despertó el día que el vecino del tercero se tiró por la ventana. Y volvió a despertar con algo parecido que pasó en la universidad. Estos eventos ya los había olvidado (o al menos intentado olvidar), pero hace tres días pasó algo que hizo que volviesen a despertar: el alcalde de Seúl se suicidó.

Motivos aparte, el alcalde de una de las ciudades más grandes y prósperas del mundo se suicidó. Cuando a media tarde empezaron a salir noticias sobre la última llamada que había hecho a su hija, sobre que no se sabía nada de él y demás, Corea vibró. En pocos minutos todos conocían la noticia, por los grupos de Kakao Talk corría un silencio forzado y las redes no paraban de mostrar artículos que decían que sí y que no, que mentira y que verdad. Cayó la noche y en una montaña se descubrió el cuerpo sin vida. Y en Corea no dejó de llover hasta el amanecer.

Dejando las tendencias políticas de lado, este hombre había trabajado muy duro para llegar hasta allí, siendo un abogado de los débiles y marginados, intentado construir una ciudad mejor, donde se pudiese vivir y no tener que luchar por sobrevivir. Incluso muchos le veían como futuro presidente de Corea. Pero el jueves acabó todo. Una denuncia, un no querer “lose face”, un honor mal entendido y una vida que se autodice adiós.

Algún día escribiré sobre el tema del honor, de no perder la cara y de la necesidad de tener que quedar bien ante los demás. Y del perdón, todo esto también tiene que ver con el concepto de perdón que se tiene aquí. Pero hoy no.

En cambio, me gustaría mencionar cuatro causas de esta lacra social. Ya hay muchos artículos que explican las causas principales de este fenómeno. Solo quiero añadir unas que pocos mencionan: el poco valor que se le da a la vida, ya sea a la propia como a la ajena (1); la consideración de que mi vida entera me pertenece, sin tener ningún tipo de deber o deuda con la familia, con la sociedad o con quienes me han formado; sin reconocer que hay una relación con los demás y que sin existir (matándome) esa relación muere y la vida de las personas con quien me relaciono pierde vida (es “menos vida”) (2); el poco valor que tiene el perdón: tanto pedirlo como saber perdonar. Esa segunda oportunidad, ese “no todo está perdido” (3); y por último la no-mala imagen que tiene el suicidio. La gente no lo rechaza e incluso se podría decir que lo exige a ciertas personas, lo que hace que la gente lo vea como una salida a sus problemas (4).

Hay gente que se toma todo esto a broma, pero para aquellos que la vida es algo más que unos años de alegrías y sufrimientos todo esto es un auténtico drama. Un lastre para la sociedad. Un país con el Internet más rápido del mundo, con empresas tecnológicas que no tienen nada que envidiar, con una cultura, lenguaje y comida maravillosos, con una de las diez economías más potentes, uno de los países más seguros… ¿para qué? Si después los ciudadanos no son felices, si la competitividad hace que la gente viva estresada y frustrada, si la gente no puede casarse por no tener dinero para comprar una casa (cada vez más caras), si la gente se tiene que operar para sentirse aceptados por la sociedad…

Todo esto da mucho para pensar.

Pero ni quiero ser pesimista ni quiero dar una imagen de “colonizador cultural de occidente”. No. Simplemente he mencionado cosas (la mayoría escuchadas a coreanos) que creo que se pueden mejorar, con una crítica constructiva. Y con Corea soy muy optimista. Entre otras cosas, el gobierno ya ha puesto en marcha muchos programas para reducir la tasa de suicidios. Por ejemplo, el puente por el que paso a diario para ir al trabajo está con unas barandillas más altas que lo normal, se iluminan cuando pasas, tienen sensores y llevan escritos unos mensajes de apoyo que te hacen reflexionar “tú vales”, “alguien te espera en casa”, “piénsatelo dos veces”. Y todavía recuerdo los posters en los baños de la universidad: “¿Tu vida es tan dura como para morirse? Contáctanos y te ayudaremos”. Son pequeños pasos que se van dando para mejorar esta dramática situación.

Pero ser optimista no quita ser realista. Hace unos años un amigo de la uni me explicó con todo detalle cómo se intentó suicidar cuando estaba en bachillerato (prefiero no explicarlo) y uno de mis mejores amigos se debate entre vivir o matarse porque esta sociedad no le acepta. Además, hace tan solo once años el presidente del país se suicidó. Y los motivos fueron parecidos: acusación, honor, adiós.

Podría seguir con ejemplos, pero es un tema que me tira mucho para abajo y prefiero dejarlo aquí. Punto final.

Un comentario sobre “Cuando escribo el punto final – suicidio en Corea

  1. Gracias por el escrito. Clarificaste 3 puntos claves (vida, perdón, honor) que considero marcan nuestra existencia, y responden a la pregunta ¿Quién soy yo?

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